Las señales de GPS, redes Wi‑Fi y balizas Bluetooth, tratadas de forma agregada, permiten estimar flujos sin exponer identidades. Aplicamos umbrales mínimos, celdas espaciales y ventanas temporales que evitan singularidades. Cumplimos normativas como RGPD y exigimos consentimiento verificable del origen. Además, auditamos muestras, removemos rutas sensibles y aplicamos técnicas de anonimización diferencial cuando procede. El resultado es un pulso urbano útil para decidir, respetando la dignidad de las personas y la confianza pública que sostiene cualquier medición responsable.
La vacancia se identifica cruzando registros municipales, portales inmobiliarios, bases catastrales, observación en calle y colaboraciones con cámaras de comercio. Validamos anuncios duplicados, fechas de publicación y fotografías antiguas que confunden. Consideramos persianas bajadas continuas, carteles de traspaso, medidores de consumo y licencias inactivas. También distinguimos reformas temporales de cierres definitivos, anotamos superficies, giros comerciales y rotación. Esa precisión evita sobreestimar vacíos y permite comprender si el problema es coyuntural, estructural o simplemente un cambio de concepto en marcha.
El tráfico peatonal respira con estaciones, lluvia, olas de calor, ferias, partidos, maratones y rebajas. Normalizamos con comparaciones interanuales, promedios móviles y ventanas previas al evento. Al contrastar lunes parecidos y fines de semana equivalentes reducimos ruido. Documentamos shocks externos, como obras viales o cierres sanitarios, y etiquetamos periodos atípicos. Así, un descenso puntual no se confunde con tendencia, y un pico turístico no se interpreta como clientela recurrente. Mapa serio exige calendario serio y contexto honesto.